Campaña que da penilla
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La embestida contra Claudia Sheinbaum ocurre desde varios frentes. Ahora mismo, con el caso Penilla, el PAN aprovechó la campaña inventando un tropiezo de la Presidenta; dentro de su propio bando, se aprueban disposiciones legales que la contradicen abiertamente, como es el caso del nepotismo, práctica ajena y hasta contraria a su punto de vista; y, lo más lamentable, es que ella misma se ve obligada a impulsar y aplaudir una reforma como la del Poder Judicial, que altera el equilibrio republicano y le cuesta una fortuna al erario, el que la mandataria encontró prácticamente vacío.
Sheinbaum envió al Congreso una iniciativa para suprimir la reelección y evitar que un pariente le deje a otro su cargo, pero, si hiciera falta, se demostró nuevamente que hay en las Cámaras personas influyentes que no la quieren y que harán todo para perjudicarla, con la vista puesta en 2027, cuando hay revocación de mandato. De ahí esas medidas que limitan su capacidad para gobernar.
El llamado caso Penilla es otra piedra en el camino presidencial, al menos así lo quieren ver los adversarios de la jefa del Ejecutivo, al acusarla de mantener nexos políticos con el abogado Juan Pablo Penilla Rodríguez, socio del bufete jurídico que encabeza Sergio Arturo Ramírez Muñoz, individuo afiliado a Morena desde el 26 de febrero de 2018, quien fuera suplente del diputado Sergio Mayer, también del partido guinda.
De acuerdo con la información que ofreció a la prensa Jorge Triana Tena, vocero del comité ejecutivo nacional del PAN, el despacho jurídico de Ramírez Muñoz fue abogado del Z40, quien no es otro que Miguel Treviño Morales, capo del Cártel de los Zetas. Ahora, como representante del mismo bufete, Penilla Rodríguez es abogado o asesor jurídico de El Mayo Zambada. En ambos casos no hay delito por parte de los juristas, aunque de ese modo muestren una ética indeseable.
Hay que insistir en ese punto. Los abogados penalistas asesoran y defienden a delincuentes reales o presuntos, pero eso no los hace a ellos criminales, a menos que participen en actos delictivos, lo que es otra cosa. Mucho menos puede, en este caso, hablarse de complicidad entre Claudia Sheinbaum y delincuentes. Todos los días y casi a todas horas, a lo largo y a lo ancho del territorio nacional, la señora está recibiendo saludos de gente que no conoce, así sean de su partido. La acusación o la mera sugerencia de complicidad evidencia la canallesca estupidez de los acusadores.
Lo que sí debe promover la Presidenta es que se aclaren los nexos de esos abogados con personajes de Morena. Ellos son los responsables de evitar las malas compañías, porque saben quiénes son los especímenes que le acercan a la Presidenta, los cuales, en muchos casos, resultan individuos de dudosa honestidad, los que, generosamente, financian las campañas de políticos poco cuidadosos o de plano comprometidos. Sin embargo, hasta ahora, no sabemos que Morena haya iniciado alguna investigación al respecto, quizá porque todo el mundo tiene la cola pisable.
El partido en el poder está obligado a precisar los hechos y sancionar severamente a quienes acarrean a Morena dinero sucio y amistades peligrosas. En este caso, ya salieron a relucir algunos nombres: Ana Lilia Rivera Rivera, Lucía Trasviña, Rocío Abreu y Juan Carlos Loera de la Rosa, quienes participaron en los actos en que se hicieron reconocimientos a los abogados que aquí se mencionan. También, sobre la panista María Teresa Castell pesa el señalamiento de que fue ella la organizadora del acto en que se otorgó a Penilla el Premio Pro Humanitas.
Estos lamentables episodios deberían llevar al país a una reforma electoral que prohíba totalmente el patrocinio privado, pero por ahora no hay partido que apoye una iniciativa de ese talante, entre otras razones, porque Morena se ha metido en otra reforma, la judicial, que dañará por muchos años la nación.
Por lo pronto, Claudia Sheinbaum ha salido a exigir que aclaren sus móviles los morenistas que reclutaron a Miguel Ángel Yunes. Ojalá vaya más lejos y, para empezar, logre remover el actual liderazgo del Senado. Por salud republicana, urge detener el infame sabotaje a la mandataria, esa campaña que da pena, o penilla, si así le quieren llamar.
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