Endrick apura la Copa y da la victoria al Madrid ante la Real Sociedad
El Real Madrid salió de Anoeta con ventaja en la eliminatoria con un plan antiguo ejecutado por caras nuevas: Lunin y Endrick, un portero iluminado y un nueve sin rodeos. Dos tipos a quienes les ha quedado la Copa como refugio, y que la exprimen con entusiasmo. Así aplacó el Madrid el empuje desaforado de la Real, picante por las bandas, indesmayable en el esfuerzo, y así se fue con una ventaja mínima rumbo a la lejana vuelta de las semifinales, allá por el 1 de abril en el Bernabéu.
RSOR. Sociedad
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Álex Remiro, Nayef Aguerd (Aritz Elustondo, min. 76), Igor Zubeldia, Aihen Muñoz (Javi López, min. 83), Jon Aramburu, Luka Sucic (Pablo Marín, min. 63), Brais Méndez, Takefusa Kubo, Ander Barrenetxea (Sheraldo Becker, min. 63), Martín Zubimendi y Mikel Oyarzabal (Orri Óskarsson, min. 76)
RMAReal Madrid
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Andrii Lunin, Raúl Asencio (Lucas Vázquez, min. 45), Antonio Rüdiger, Aurélien Tchouaméni, Fran García, Dani Ceballos, Jude Bellingham, Eduardo Camavinga (Ferland Mendy, min. 87), Arda Güler (Rodrygo, min. 83), Endrick (David Alaba, min. 71) y Vinícius Júnior (Brahim Díaz, min. 83)
Goles 0-1 min. 18: Endrick
Arbitro José María Sánchez Martínez
Tarjetas amarillas Raúl Asencio (min. 45), Lucas Vázquez (min. 85)
Fue una primera entrega vibrante y abierta desde el primer silbatazo. Anoeta abrió las compuertas y la segunda semifinal brotó con el ímpetu de la primera, el desparrame de los ocho goles de la noche antes en Montjuïc. La Real Sociedad se lanzó a por el Madrid como si ya se estuviera consumiendo la eliminatoria, con una especie de arrojo salvaje que desconcertó al pelotón de Ancelotti. Les apagó la luz con la presión arriba y no encontraban por dónde avanzar ni qué hacer con la pelota. Se les esfumaba en los pies y Barrenetxea y Take Kubo despertaron a un Lunin que no se había retirado las legañas y que ya no descansó los ojos en toda la noche. El ucranio aguantó el primer tiro a bocajarro y después agarró sobre la línea una pelota que se le apareció ahí de repente después de un córner que peinó Brais Méndez en el primer palo.
El comienzo del equipo de Alguacil fue abrasador. Camavinga no tenía tiempo ni de girarse ni de escoger el destinatario correcto y Tchouameni, todo seguridad ya en cualquier puesto, optó por sacarse el compromiso con dos pelotazos. Apretado contra su área, el Madrid empezó a rebajar las pulsaciones a través del pase. Aparecieron Ceballos y Bellingham para abrir claros en la maleza en la que se vieron de repente, y hasta Vinicius se descolgaba para encontrar espacios al otro lado.
Ancelotti transformó el equipo para la Copa, con ocho cambios respecto del fin de semana contra el Girona. Se quedaron en casa Courtois, que no juega el torneo, Mbappé, por una intervención dental y Valverde, tocado y necesitado de algo de pausa. Camavinga regresó al once y retrasó a Tchouameni a la defensa, lo que trasladó a Asencio al lateral derecho, donde sufrió con las acometidas de Barrenetxea, que le ganaron una amarilla temprana. Entre ese riesgo y los cánticos del público por los que el árbitro detuvo el partido, se quedó en el vestuario tras el descanso. Entró Lucas Vázquez y le quitó el brazalete a Vinicius, que solo lo llevó 45 minutos en su primera vez al frente de la cuadrilla.
También regresaron Güler y Endrick, después de muchas citas sin apenas opciones. Al turco le costaba encontrar su sitio, engancharse al juego. El brasileño no entiende de cavilaciones. Conduce la apisonadora por encima de cualquier escenario y prende la hoguera con cualquier chispazo. Bastó un robo de Vinicius, que retrocedió hasta sorprender a Zubimendi por la espalda y un extraordinario pase largo de Bellingham. Endrick se cruzó con la pelota a la espalda de la defensa, la domó con la cadera mientras seguía acelerando y superó a Remiro con el exterior. Apura la Copa como nadie: cuatro goles ya en la competición. Y se fue con el uy del segundo: reventó el larguero después de otro control superlativo.
El golpe no rebajó el empeño de la Real, que siguió insistiendo por las orillas con Take, bien contenido por Fran García, y sobre todo con Barrene, que obligó a Lunin a dos vuelos de postal. Primero con un tiro que se quitó de encima a mano cambiada. Después con un centro a la cabeza de Oyarzabal que el ucranio desactivó con un salto de portero de balonmano, con la pierna izquierda extendida. Pura adivinación.
El Madrid se había quitado de encima el abrazo asfixiante del comienzo, pero el empuje de la Real a todo trapo mantenía la noche en el alambre. Vinicius y Bellingham estiraban cada vez más a su equipo, buscando el rastro del rompehielos de Endrick, pero el partido siempre regresaba al otro lado, donde Lunin acumuló seis paradas.
Pese a encontrarse al principio de una semana que le va a cruzar con el Madrid, el Barça y el Manchester United, Alguacil no se guardaba nada: apretaba con todos los refrescos, de Becker a Óskarsson. Y así seguían apuntando sin premio al área de Lunin en un ida y vuelta más descamisado, con cierto aire terminal, en el que Remiro también tuvo que trabajar. Pese al intercambio de tiros, la noche solo dio premio a Endrick, motor en esta Copa del Madrid, al que ya rescató contra el Celta en una situación muy límite.
EL PAÍS