Practicando la democracia alimentaria para dar forma a nuestro futuro
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Con estas páginas – Agroecología: el futuro de la agricultura, Doppiavoce, Nápoles 2024, 106 pp., 15 euros – Gianfranco Nappi hace un hermoso regalo a quienes buscan comprender los procesos reales que deciden el presente y guían el futuro, no sólo del mundo agrícola. El autor nos advierte desde las primeras páginas sobre el sentido de este libro, no un texto doctrinal, no "un tratado de agronomía", sino más bien un vademécum que ayude a comprender un mundo que, definido escolásticamente como "sector primario", se ha convertido con el tiempo en un fantasma de los escenarios.
LA AGRICULTURA , que representa el origen, el alfa de nuestra civilización, atravesada a lo largo del tiempo por grandes conflictos y cambios, se ha convertido en la sociedad de consumo en una mercancía sin consistencia social, un lugar casi neutro, alejado de los lugares de producción y de trabajo. El mérito principal de este escrito es precisamente el de devolver la centralidad social, económica y cultural a la producción agrícola, a la cadena alimentaria, a los alimentos y a su organización. Con gran atención, eficacia y sencillez Nappi describe los mecanismos, los procesos mediante los cuales las grandes empresas, las multinacionales obtienen beneficios extraordinarios e imponen su menú. Un sistema capaz no sólo de imponer, de explotar de las formas más indignas tanto al hombre como a la naturaleza, sino también de plagiar, manipular y sobornar a los propios antagonistas potenciales.
ESTE FUE EL CASO DEL movimiento tractorista, como bien señala Nappi, un movimiento que entró en conflicto con la voracidad del sistema agroindustrial, que tuvo el gran mérito de devolver la agricultura al centro de los intereses y de la actualidad política, y sin embargo, al final de la historia la fuerza de ese movimiento resultó ser un precioso aliado del complejo agroindustrial, útil para obstaculizar esa misma transición ecológica que empieza a afirmarse en las declaraciones de la propia Comisión Europea. Nappi señala con razón que «el propio Pacto Verde es frágil ante la aparición de grupos de interés y sectores en crisis», como demuestra claramente el reciente caso de los tractores. El Pacto Verde es el otro gran tema que une las páginas del libro.
O LA IDEA DE QUE una transición ecológica es IMPENSABLE sin una conciencia de lo fundamental que es la producción y el consumo de alimentos y de lo decisivo que es el papel del mundo agrícola y de los propios consumidores. Fundamental, porque el suelo, como una esponja en su laboratorio de vida, retiene y utiliza el doble de CO2 que en la atmósfera, porque la agricultura intensiva –80.000 millones de unidades que explotan dos tercios de la Superficie Agrícola Útil– es “una bomba ecológica”.
Y SABIAMENTE EL CONTRASTE con la agricultura intensiva es el primero de los diez puntos de la ley de iniciativa popular de Campania que lleva años esperando ser discutida y aprobada. Para cambiar radicalmente esta narrativa, son cruciales tanto la función y el papel del productor agrícola como un cambio radical en la calidad de la demanda de alimentos. Podemos hablar sin retórica de la necesidad de una verdadera revolución que cambie radicalmente tanto el sistema de producción como los estilos de vida del ciudadano-consumidor. Una revolución que tiene como condición la presencia de los “campesinos” en el campo y al mismo tiempo un salto real en su conocimiento acumulado que requiere la “soberanía de los datos” y la disponibilidad de tecnologías nuevas y sostenibles.
UNA REVOLUCIÓN QUE DEBE quitar los alimentos al mundo de las mercancías, al dominio del lucro y de la especulación mercantil. Para que este camino se inicie es imprescindible una inversión de la Política Agrícola Europea, lo que supone la centralidad de las pequeñas y medianas empresas, la prioridad de una agricultura de calidad, el protagonismo de productores y consumidores y, finalmente, un conflicto claro con aquellos centros de poder financiero que han transformado la “seguridad alimentaria” en un santuario de ganancias y mercancías. En este proceso podemos leer ese breviario de cambios radicales que Nappi con feliz expresión llama “Democracia alimentaria” y que introduce el último capítulo del libro: “No es cierto que no haya alternativa”.
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