Las infinitas lianas de Pablo Campos, el hombre que pasó de Google a la modestia de las startups
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Hay muchas formas de posicionarse. En unos casos, la persona elige un proyecto (a veces el proyecto elige a la persona) y establece con el mismo un lazo de sangre. Pese a los altibajos, Steve Jobs forjó con Apple un vínculo imperecedero, igual que hicieron Larry Bird y Magic Johnson con los Celtics y los Lakers respectivamente. Amancio Ortega es sinónimo de Inditex, nadie entendería Telefónica sin los 26 años de José María Álvarez-Pallete y sería de lunáticos escribir la historia de La Caixa prescindiendo de Isidro Fainé.
Pero existe otro tipo de naturaleza más apegada al estímulo plural, a la sucesión de emociones, a una visión menos dilatada en el tiempo donde se atisba un objetivo que, al quedar satisfecho, da paso a una nueva aventura. La figura del emprendedor en serie cabría perfectamente en esta definición y, sin embargo, tampoco se amolda al cien por cien al carácter y la trayectoria del gallego Pablo Campos.
Nacido en Ginebra (1979) de padres inmigrantes, Campos puede dejar sobre la mesa las cartas de una escalera de color, proeza al alcance de pocos. En su cuarto de siglo de carrera profesional ha pasado, entre otras, por Google, Stellantis y Telefónica, ha colaborado con instituciones educativas como IE Business School y las universidades de Cantabria y Helsinki, ha cofundado y/o dirigido startups como VMS, Xesol Innovation, Onira Research y Solum, es uno de los promotores del mini fondo de venture capital Unitatea (dos vehículos de un millón cada uno) y acaba de desvincularse de MasterChef World tras potenciar la explotación digital de la marca.
Durante 15 años, repartiendo fuerzas entre España y el extranjero, la atención de este directivo/startupero/inversor se repartió entre diversas grandes corporaciones. Cuando fichó por Google, donde estuvo dos años, trabajaba en la central europea de ingeniería, ubicada en Zúrich, como responsable de Google Street View para Europa, Oriente Medio y África. Allí aprendió que "la salsa secreta" de toda organización exitosa "son los compañeros", especialistas de primera magnitud con currículos que harían palidecer al más listo de la clase.
El camino lo había pavimentado Campos en Comunitel, una telco B2B que pasaría por diversas adquisiciones hasta acabar integrada en Vodafone. "Ahí ya comprendí mucho sobre procesos, sobre la toma de decisiones y sobre cómo se concolida un negocio". Luego se enroló en Telefónica. "Impresiona observar como un gran jugador del tablero va avanzando", resume. En esta fase (2007-2009) asume el cargo de jefe de ingeniería de ventas y asiste a los reajustes derivados de la compra de O2 (octubre de 2005), placas tectónicas en pleno desplazamiento, innumerables vuelos y reuniones, países y más países en el retrovisor y el horizonte. Google significó un grado similar de intensidad y así se fraguó un pensamiento inevitable. "Quería volver a casa".
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Cultiva Campos la teoría de las semillas. "El 70% de los puestos de trabajo de alta cualificación nunca se publica. Llegar a ellos depende de las semillas que vas plantando a lo largo de tu vida.
Al pasar los años, algunas brotan y otras no. Pero al saltar de unos proyectos a otros, vas conociendo a diferentes personas, generas un impacto y a veces vuelves a hablar con ellas un tiempo después". Quizás de este modo se explique la etapa en Stellantis (2014-2016), donde ficha como freelance y se sumerge en el departamento de innovación. Como se sabe, Stellantis tiene una planta en Vigo. Ésa fue la pirueta que habilitó el regreso a la tierra familiar. "Uno no se pone a buscar oportunidades cuando las necesita, sino mucho antes".
Curiosamente, la oportunidad de Stellantis plantó una semilla adicional que hoy ve la luz. "Es ahora cuando el grupo (que incluye a marcas como Peugeot, Fiat, Citroën, Opel y Jeep) está comercializando los primeros vehículos que incorporan algunos de los sistemas de software que ideamos entonces. El planteamiento pasaba por aprovechar los sensores del coche para ponerlos a disposición de los desarrolladores de aplicaciones. Seleccionamos 150 sensores para estudiar posibilidades. Un ejemplo de lo que llegará: estos automóviles son ya casi como estaciones meteorológicas. Incorporan sensores de luz y lluvia, termómetros y geolocalización. Gracias a la información que proporcionan podrían extraerse muchísimos datos".
De la tortilla al garbanzoQuedaba una asignatura pendiente, el paso de la vastedad multinacional a las startups de corte y confección, pequeñas criaturas de incierto futuro en la marejada del ensayo y error. Rememora el gallego tres: VMS, dedicada a la fabricación de motos de tres ruedas con dos de ellas colocadas en el eje trasero (presentó concurso de acreedores en octubre de 2024); Xesol Innovation, que aplica IA al vehículo autónomo y llegó a valer 230 millones (hoy Dealroom la tasa en un máximo de 11,5 millones); y Onira, donde fue CEO y cofundador, una iniciativa de varios científicos de Lleida para domar la hipertensión resistente mediante el control de la apnea del sueño.
Los cascabeles de la corporate contrastan con esta secuencia modesta, o menos glamourosa, del emprendimiento desde el barro. "Siempre surge la pregunta. ¿Qué habría pasado si alguna de estas empresas se hubiese convertido en unicornio? -concede Campos-. Pero son momentos menores porque el éxito radica en disfrutar del día a día, en entablar conexiones con la gente, en enfilar desafíos. "Este es un entorno muy incierto donde se trabaja con mucha ambición y a menudo no se alcanzan los objetivos. Dentro de esa redefinición permanente, a veces toca cambiar".
España y el grisSe endurece en este pasaje el discurso del entrevistado. Aunque España está en los mapas de la innovación, Campos detecta una falta de osadía. "El hecho diferencial está en liderar o seguir al que lidera. Y España no lidera nada ni cuenta con el nivel de respaldo institucional necesario. Es llamativo que Alemania, con muchas menos horas de luz al año que nosotros, vaya por delante en el segmento de las energías renovables, un segmento que bien podríamos capitanear desde aquí. Que tengamos unicornios y algunos proyectos que destacan no deja de ser circunstancial. No hemos definido en qué sector queremos destacar y estamos un poco en el café para todos", sentencia.
No Mires Hacia ArribaUna vez más, la ficción antecede a la realidad y el personaje del tecno-mesías de la película que firma Adam McKay cede el testigo a un Elon Musk de carne y hueso metido hasta las trancas en la administración del Gobierno federal de EEUU. Opina Campos que el problema de los políticos es que "no dominan el tablero tecnológico y entonces el receptor de la información mira hacia personas que le generan mayor confianza. Por ejemplo, el CEO de una big tech. Este fenómeno, sin embargo, asusta por el poder que acumulan personas como el propio Musk o Jeff Bezos".
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